Ya no tengo sufrimiento, ya no tengo quién me mienta, ya no tengo a quién contarle lo que tengo en mi cabeza. Ya no siento desconfianza, ya no siento más violencia, ya no siento que mi vida valga menos que tu ausencia. Ya no me importa tu destino, ya solo quiero hallar el mío. Ya no me asombra tu existencia, ya no me asombra nada. Ya no tengo qué explicar, ya no tengo quién me juzgue, ya no tengo a quien pedirle una opinión sobre mi vida. Ya no siento el alma ciega, ya no siento el alma muerta, ya no siento que mi vida valga menos que tu ausencia.

Para mí ya no existes, para mí ya no queda nada.